miércoles, octubre 21

Y al final...

Hoy, al fin, terminamos con la vendimia... se me abre la agenda, tengo tiempo para hacer cosas que no tienen que ver con el trabajo.

He estado pensando qué podría escribir, qué decir, qué contar... todo para no tener abandonado este blog que tanto me ha servido para entretenerme, desahogarme, conocer gente, documentar, chismear, compartir.

Quisiera tener las ganas de contar y que salieran las palabras por los dedos para escribir como antes lo hacía. Pero nada.

A veces pienso que este blog me sirvió en la tragedia, en el dolor, la incertidumbre, la soledad. Me gustaba también el anonimato, cosa que practicamente ha dejado de existir.

Ahora, todo va excelente. Más que excelente. Ya no hay historias drámaticas que se pueden contar con sarcasmo para ver si así le encuentro la gracia... todo lo que me pasa que en algún momento pude considerar malo deja de serlo por que ya por si solo me da risa, de esa sincera en que nomás se tuercen los ojos, levantas los hombros y luego cuentas a los amigos para que se rían contigo.

Por que tengo amigos, por que me he adaptado extraordinariamente bien, por que estoy satisfecha, feliz y me siento tan contenta con lo que estoy haciendo, en donde estoy, con quien estoy, con los día que pasan como agua fresca después de una sequía dura que parecía no tener fin.

Ya llovió.

Me da gusto estar asi en mi vida, por cierto.

Y, cómo carajos no, carajo.

Con esto me despido del blog, con algo de nostalgia. Imagino que lo dejaré como un recuerdo, como las cartitas entre las amigas en sexto de primaria, las invitaciones a quinceaños y luego las de las bodas, las cartas amorosas del primer novio, los restos de boletos de avión de mis primeros viajes... todo en el baúl rojo al pie de la cama que queda en casa de los papás caracol. Ahí están para cuando me den ganas de meter las manos y buscar para acordarme... y allí queda, para cuando queira echar más.

Es tiempo de empezar un nuevo capítulo... un nuevo blog?

No sé, no sé.




Cinco-cuatro (pendientes)

miércoles, julio 8

Brujo

Ahora que recuerdo cuando estaba en la prepa (y tendría alrededor de 17 años) y decidí estudiar agronomía, me viene a la memoria mi amigo Luis (que tengo como 8 años de no ver, por cierto) y cuando hablábamos de nuestro futuro.

El decía que me veía en lo alto de un cerro, en una casa con teja roja (creo que esto me lo imaginaba yo y no lo describía el), con campos y más campos de vid, de esas plantaciones que acaban al final del horizonte, cuando se juntan con el cielo (y aquí con las montañas), y tomando una copa del vino producido con mis uvas (todavía no tengo de este, pero ya pronto), meciéndome en una mecedora tejida con mimbre (esto también me lo imaginaba yo), viendo mis plantas.

Nunca pensé que estaría en un lugar así (aunque la casa me falta encontrarla y nada es mio, per se), pero sorpresa, lo estoy.

Qué bonito sentimiento me da el acordarme de estas predicciones de antaño y ver que están semicumplidas.


martes, julio 7

5 meses

Ya casi cumplo 5 meses en este trabajo. El tiempo nunca se me había pasado tan rápido. Como parece que es mi costumbre, estoy aprendiendo muchas cosas nuevas. Me gusta el lugar en donde vivo, me gusta el trabajo que hago, me gusta la planta de la vid con toda su sencillez, caprichos, mañas y exigencias.
Estoy trabajando con 74 variedades de vid.
Estoy haciendo pozos como topo con negocio de construcción de viviendas.
Estoy tostada (casi tatemada) por el sol (en ciertas partes nada más, por desgracia).
Estoy rezando a la virgendelacueva para que llueva (pero que no le pegue el agua a las plantas, porfavó, que se me llenan de hongos).
Estoy comiendo mis propias hortalizas del huertito familiar que don Panchito y yo sembramos en frente de mi casa.
Estoy aprendiendo a usar autocad, desgraciao.
Estoy separando basura.
Estoy trabajando sábados y domingos, de momento.
Estoy tratando de no quedarme atascada en la arena un séptima vez.
Estoy tratando de no atropellar a las ardillas suicidas que cruzan los caminos de terracería justo antes de que pase, como si hubieran hecho una apuesta de que no las desconchinflo.
Estoy conociendo gente nueva aquí en el pueblo, al fin.
Estoy buscándole el amor a hacer planes a largo plazo.
Estoy encontrando buena la idea de quedarme aquí unos tres años.
Estoy planeando la vendimia para hacer 95 microvinificaciones diferentes (diossanto).
Estoy un poco asustada por lo que me espera con este trabajal en la vendimia, adecirverdá, oiga.

Estoy muy bien.

domingo, julio 5

calabacitas 2da parte


Voy mejorando, ¿qué no?

miércoles, mayo 27

Sin suficientes ganas

La incógnita de la semana: ¿Por qué las cosas nunca pasan cuando una necesita que pasen?

Tenía que ir a hacerme un ultrasonido (no sé por qué insisto en llamarlo resonancia) pélvico desde hace semanas a la gran ciudá y no había alcanzado por trabajo.

Por tercera vez hice una cita (última que no cancelé) y por tercera vez me dijeron que tomara mínimo un litro de agua antes de llegar al consultorio.

Comí aprisa y poquito porque tenía que guardar espacio para el agua. Tomé dos vasos de agua con la comida. Quería echarme un regaderazo pero al compartir fuente hídrica con el viñedo frente a la casa, tuve que recurrir a mi garrafón de reserva para lavarme si quiera la cara, los pies y la cobachita (dícese de la axila) de cada lado. Al estilo antiguo francés. Me puse ropa limpia, me peiné un poco y con termo de 600 ml lleno, agarré para la capital (del estado, ejem).

Llegué 10 minutos antes de la cita. A la hora exacta, el doctor todavía no había llegado. Por mi mente cruzaba el meterle una regañada… yo matándome por llegar a tiempo y él llegando tarde (conste que la puntualidad definitivamente no es de mis mayores virtudes, pero a mi nadie me paga para realizar un servicio en el tiempo que yo digo que se debe de hacer).

Al fin me pasaron al consultorio y como tenía ganas de platicar con alguien, olvidé el retraso del doctor. Que súbete aquí, si, sí te aguanta, que bájate la ropa hasta allí, si, estoy calificado, que va a estar un poco frío, si, de verdad sé lo que hago, a ver a ver, si, soy traga años pero hice toda la carrera, uyyyyy no estás lista. Mi vejiga estaba vacía.

Me recomendó irme a dar vueltas a la cuadra. A mi me dio vergüenza por mi vejiga desconsiderada que no estuvo a tiempo ni 15 minutos después de la cita. Fui al banco a depositar mis millones, compré un buró precioso en las segundas, entré a una tienda de posteres (bastante lastimosos a la vista, para qué inventar) y a los 45 minutos estaba de vuelta. Cuando la asistente me preguntó si ya tenía muchas ganas de orinar, mejor me senté en la sala de espera a esperar con mujeres esperando (y muy panzonas (y una de ellas nacida en 1990 (según le dijo a la asistenta) por dioooosssss)) esperando su cita.

Cuando pasé de nuevo, la historia se repitió. Había una señora que me recomendó tomar más agua. Llené mi termito de 600 ml y me lo tomé todo rápidamente, a ver si mi vejiga perezosa se sentía lo suficientemente presionada. Esperé unos minutos y como no sentía ganas desesperadas de hacer pipí, me fui a pasear. Otra vez.

Me corté el pelo, me compré un esmalte de uñas rojo cereza y una piedrita para los callos de mis pobres pieseses. Me probé una peluca güera y otra pelirroja. Pasé por la tiendita donde compré el mueble para avisar que me tardaría un poco más de lo previsto en ir a recogerlo.

Dos horas y cincuenta minutos después de la hora oficial de la cita, estaba con el doctor… que ésta es la vejiga, que éste es el ovario izquierdo y este el derecho. Yo ya no aguantaba las ganas de ir al baño. Cada vez que presionaba con el aparatito me dolía horrores. Y luego… me sale con que por favor pase al baño dealfondoaladerecha porque tengo que vaciar la mitad. Después de tanto esfuerzo por llenarla!!! Y a parte, yo qué fregados sé cuánto es la mitad de la vejiga en orina? Digo, aunque mi entre pierna contiene aparatos bastante complejos, hasta donde sé carezco de un rotámetro para medir el flujo de líquidos salientes y al menos quehiciera dentro de un recipiente graduado y ya sabiendo el total después la mitad me la tom… bueno.

A “ojo de buen cubero”, me deshice de la que pensé era la mitad y un poco más tranquila y con las piernas muchísimo más sueltas, volví.

Al final de todo, parece que el famoso tumor desapareció o este doctor ve lo mismo que yo en esa pantallita: negro con remolinos grises (que por cierto, me recuerda cuando estaba chiquita y me encontré unas resonancias (o ultra sonidos, n'importe quoi) de mi mamá y jugaba a hacerla de meteorologa poniendolas contra la ventana de la sala).

jueves, mayo 21

Desglaciada

Hoy hablé con mi posible asesor financiero. Creo que ya estoy en edad (casi 29 años) de superar el guardar mis bienes en el refri a algo más inteligente y productivo. Y seguro, sobre todo (aunque no sé si invertir en la bolsa sea muy seguro en estos tiempos).

También estoy pensando en sacar una tarjeta de crédito. Mis amigos me dicen que debo de empezar un historial crediticio. Me hablan y hablan del banco ofreciéndome una. Nunca he querido tener una por que pensar en deber algo me causa problema. Saber que tal vez en un mes no pueda pagar lo que debo por cualquier razón (como que me quede sin trabajo por que haga explotar el laboratorio, como que renuncie porque quiero irme a vivir a California sobre un Secuoya de 2000 años o porque me den ganas de ponerme a estudiar otra carrera y tenga que trabajar de plomera para subsistir). La única gran deuda que he tenido fue cuando compré el carro y lo pagué cuando lo vendí a los 7 meses.

Un amigo me decía hace unas semanas que para poder especializarme en algo para después ser independiente, tendría que trabajar en lo mismo unos 8 años (sin citar). ¿¿Ocho años en esto?? ¡¡¡Jesusjoseymaría!!!

Y cuando alguien me menciona si quiera la idea de vivir juntos, de casarnos, pasar el resto de nuestras vidas juntos… ¡¡¡pordiooooooooooossssssss!!!

Fondo de inversión.

Historial crediticio.

Matrimonio.

Especialista en viticultura (o cualquier cosa en la que me pueda convertir después de hacer lo mismo por un período de más de dos años).

Pensar en hacer cosas que repercutirán o definirán dónde estaré o cosas que tendré que hacer en el futuro, igual, día con día, semana tras semana, por mes, anualidades, aniversarios, portafolios con horizontes de 3 a 5 años (o como se diga), etcétera, etcétera y miles de más etcéteras… me da un poco de nauseas.

No tengo idea a que se debe. ¿Será miedo a adquirir compromisos a mediano y largo plazo y después no poder (o querer) cumplirlos?

O, ¿será que en realidad no tengo idea qué quiero, dónde lo quiero, con quién lo quiero, y para cuánto tiempo lo quiero?

¿Qué dice de mi esto? ¿Que soy una inmadura desubicada con traumas psicológicos causados en mi infancia y que han venido a repercutir en mi vida adulta por un desglaciamiento de mi personalidad (algo parecido a esta frase fue hecha muy popular por una de mis mejores amigas en su etapa de estudiante, cuando llevó una materia de psicología infantil… o algo así)?

¿Estoy tan mal? ¿Tengo arreglo? ¿Necesito arreglo?

viernes, mayo 15

La damita campirana

Hoy me desmayé. Se oye tan dramático. Si no me hubiera sentido tan desubicada, creo que habría disfrutado estar literalmente echada sobre arena entre parras. Lo había querido hacer voluntariamente desde que entré al trabajo, pero no me había animado.

Estos días he estado con nauseas y vomitando de vez en cuando y por lo mismo, sin hambre. En mi trabajo, paso 50% del tiempo en el campo, pero ayer aproveché el otro 50% de trabajo de oficina y la pasé, entre siestas, frente a la computadora.

Tuve que salir al campo a contar racimos de uvas y ver florecitas, tomar fotos y revisar sistemas de riego. Con las plantas y estos días calurosos, de un día para otro, todo puede cambiar y no quería atrasarme con los datos.

Sin muchas ganas, untada en bloqueador y con gorra, con cámara y un lapíz encajado en la cebollita de pelo, salí.

Habré pasado 2 horas bajo el sol anotando datos en las hojas de mi tablita cuando sentí que la corriente de aire se aceleraba. Sentí rico, refrescante y ahora que pienso, me pregunto si de verdad estoy tan bruta parahaber creído que el aire podía tumbar mi enorme masa corporal así nomás.

Fue muy útil que hubiera gente cerquita. Me trajeron a mi casita, me tardé más de 20 minutos en la regadera (me valió madres la conciencia ecológica), tomé suero y ahora, sólo quiero dormir. Y dormir. Unos 3 años, si me lo permiten.

jueves, mayo 7

Lectura no recomendable para gente con susceptibilidad insectil

Los insectos siempre me han encantado… esta bien, las moscas ni tantito (aunque para algo sirven, eso lo sé).

Cuando estaba en la universidad llevé una clase de entomología (estudio de insectos) y la disfruté como probablemente las abejas disfrutan de miles de flores diferentes en la primavera (iba a decir algo así como “como probablemente los cucarachos disfrutan de los botes de basura detrás de un restaurante”, pero me contuve para no ser asquerosa).

El trabajo al final de semestre era hacer una colección de insectos. Entre más variedad, mejor calificada.

Estuve durante meses corriendo tras mariposas con mi red (y fui comparada con Winnie the Pooh, pordiosss), subiendo árboles, moviendo troncos, piedras, haciendo pozos , pasando horas tumbada en el zacate esperando que algo interesante apareciera, deteniendo el carro a media carretera (ruta Monterrey-Zacatecas); en el campo, en jardines, junto a ríos, en el desierto, en la montaña, y mucho dentro de la universidad (qué vergüenza).

Cuando me regalaron un microscopio en mi cumpleaños no podía de la emoción y quería ver todos los insectos (también pelos, uñas, hongos, tejidos vegetales, etc.).

Luego empecé un negocio con un amigo matándolos. Hacíamos fumigaciones de casa y jardín, con productos ecológicos (mentira podrida). En realidad usábamos los insecticidas más benignos para mamíferos, pero químicos al fin y al cabo. Cuando mi amigo se fue a estudiar a Chicago (o a algún lugar de por allá) y yo me fui a Francia, terminamos con la asociación, pero mi última fumigación la hice en casa de mis papás porque había unos bichitos infestando el jardín y mi mamá se estaba volviendo loca.

El caso es que ahora tengo una plaga toda para mi solita. La descubrí tal vez al mes de haberme mudado a esta casita. Son unos animalitos diminutos. Cuando descubrí que saltaban (pero, de verdad, SALTAN los carajos), me asusté por que pensé que podrían ser pulgas y obviamente, estaba preparadísima para cambiar colchón, quemar sábanas y fumigar, pero repentinamente, desaparecieron.

Estos días regresaron junto con el calor. Ayer estuve hasta las 3:30 de la mañana matándolos con mi dedo y observándolos.

Hoy busqué en internet y he identificado a los bichitos, pero en inglés: Collembola. Hay muchas especies y en las fotos se ven increíbles, con diferentes colores y texturas sobre el lomo. Y ¡los ojos compuestos de algunas especies!

(Ya nos damos una idea de dónde se sacan ideas para los monstros de las películas)

Estos animalitos de la creación (ya sé que las moscas también lo son, pero no todos somos moneditas de oro, pa’ caerles bien a todos, estamos de acuerdo), son descomponedores de materia orgánica y habitan en lugares donde hay hojas, por ejemplo, e incluso en el suelo. Se están usando en investigaciones para identificar suelos contaminados.

Mi casa es de adobe. A lo mejor están dentro de mis paredes viviendo de la materia orgánica en la tierra que se usó para hacer el adobe.

No hacen daño ni parasitan, pero aparentemente se les conoce en el mundo de los investigadores como causantes de psicosis. La gente llega a creer que se les suben y los traen por todas partes en el cuerpo.

También yo estoy sintiendo las cosquillitas imaginarias.

Será una lástima matarlos, pero me dará mucha tranquilidad.

martes, mayo 5

Campeona culinaria

No es secreto mi aversión a la cocina y las actividades que (generalmente(¡Ja!)) se realizan en ella. Esta semana pasada tuve visita y comí delicioso todos los días. Obviamente no fui yo la que cocinó. (La propuesta de matrimonio fue rechazada, bujujú... claro que no le propuse matrimonio nomás por que cocina rico, carajo...)

Hoy quise hacer el esfuerzo. No he tenido tiempo de ir al super más cercano, entonces empecé a abrir gabinetes y el refri buscando opciones.

Me decidí por arroz. Normalmente lo saco de una caja de arroz instantáneo y le echo verduritas congeladas. Muy sencillo, nada espectacular.

Al sacar la caja noté una receta en la parte de atrás: Arroz a los cuatro quesos.

(Entendí que las cosas “a cuatro quesos” de verdad llevan cuatro quesos.)

Vi los ingredientes y tenía arroz (obviamente), vino blanco, sal, pimienta y mantequilla. Y queso.

Un solo tipo.

Aparte de tres tipos de queso, me faltaba caldo de pollo, pero tenía caldito de carne de cola de toro, gualá.

Este arroz se convirtió en uno al “queso”. Luego le revolví los pedacitos de carne de culo de toro o vaca o lo que sea.

Con orgullo declaro que, a parte de mi creación de acelgas con salsa de tomate, champiñones y huevo, ¡es lo más rico que he preparado jamás!

Aplausos, pordiosssss.

Nota: Agradezco el mini-curso de cocina y las sobras de la semana.

Nota dos: Can-Dado (el perro guardián de Don Ramón (el velador-que-no-es-velador-cuidador)) se tragó otra vez el hueso.

Nota tres: Busqué una foto bonita para animar este post y encontré esa belleza, esquizmi.

sábado, mayo 2

con salud y sin inspiración

Parece que el país está en caos por una influenza porcina. Swine flu, dicen los gringos. Creo que se oye más macabra en inglés.
Yo aquí en mi esquinita de México no he estado muy enterada y a decir verdad, tampoco muy preocupada por el riesgo a mi bienestar
El único riesgo que he corrido esta semana es de contagiarme de gripa española.
También de sufrir por una sobre dosis de cacahuates, creo que me sobreentusiasmé descascarandolos sentada en mi inventado porche mientras me tomaba una dosequis y el sol se iba a dormir.
Vi un corre caminos. Mi copiloto se emocionó tanto que quise buscarle al coyote para verle esa sonrisa. más tiempo.
Coseché los primeros rabanitos de mi huertita de hortalizas. Es de las mejores sensaciones que hay. De una semillitita salen cosas increibles... y ricas, claro.
Quería ir a ver peces que pesan toneladas pero siempre nos vimos ocupados en otras cosas... en ocasiones, mucho más interesantes.
La cocina la he cedido a alguien mucho más capaz, experimentado y dedicado que yo. Quisiera que fuera permanente pero en esta ocasión no sucederá. El susodicho no ha aceptado mi oferta, pero no me lo tomo personal.
Ando sentimental, llorando portodo, las canciones, oyendo cantar, por la niña de la pelicula, por acordarme, por las hojas que se caen aún verdes, por el primer beso, por que el amor si puede triunfar sobre todas las cosas.
O al menos eso quisiera.
Estoy contenta, felíz. Me río, me divierto.
Cuando no hay tragedia oscureciendo mi cabeza, no sé qué escribir.
Está muy bien.